Tic tac, señala el reloj,
Toc toc, pregunta la puerta,
Tuc tuc, late el corazón.
El reloj apura el tiempo para que antes del último latido vayamos a contestar.
La puerta llama para que nos encorazonemos antes de que las manecillas dejen de girar.
El corazón arde, para que antes de que se pare el tiempo volvamos a amar.